Lo malo del adiós son los adioses, previos, al adiós definitivo. Lo malo es el estribo sin jinete, el puerto de tu boca sin el polizón de tus recuerdos; lo malo de lo bueno es que termina, que mi voz se pierda en el desierto y no en tus labios.
Lo malo de tus ojos es el sol, que se cela por tu luz. El alud de las lágrimas que te requieren. Lo malo de quererte es no querer, querer al mundo entero; lo malo de tus besos son que acaban, que después se apaga todo, lo malo son los lobos que te aúllan, roncos sin respuesta.
Lo malo de mi olfato es que te huele, odiando el diástole de pausa. Lo malo son mis sábanas con hielo, mi pirámide alimenticia sin tus curvas en su vértice. Lo malo de mis sueños son ser sueños, los dueños de tu cuerpo en paro. Lo malo es no alcanzarte con los dedos, los escombros del seísmo del pasado; lo malo es el abrigo de tu piel, en el fondo de otro armario.
Lo malo del reloj es que se mueve, que no vuelven tus minutos a mis horas. Lo malo es el estómago con nudos, tus “pudos” en mis “quieros”, los entierros de un pasado perfecto y simple, mis escuelas sin tus libros. Lo malo es que no arrugues mis camisas, las portadas de revista sin tu foto, lo malo es decorarme la fachada, y estar roto por dentro.
Lo malo de haberte conocido, es no volver a conocerte. La suerte ludópata en mi quiebra bancarrota. Lo malo son las rocas de tus pecas sin mis olas, la espuma de mi mar sin tu arrecife. Lo malo son las veces que me dice, mi memoria que se olvida de olvidarte.
Lo malo de mi drama es tu sonrisa, actuando en mi escenario. Lo malo son las suelas del zapato, persiguiendo tus pisadas. Lo malo es despertarme impar, pintar bocetos de tristeza en el lienzo de tu ombligo. Lo malo es que conmigo, tú, respiras inconsciente; lo malo yo, que sin ti no sé ni hacerlo.
Lo malo es ser el bueno de tu peli, y morir estoicamente en tu regazo. Lo malo, de las horas que has estado, son las horas, que me quedan sin tenerte.
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Para Anna


