Le miró y le dijo…

Érase una vez un pequeño león que habitaba en la sabana. Un buen día, con apenas mes y medio, se acercó al rey de la camada orgulloso:

– Escucha padre – y el cachorro le rugió con toda su energía, y el pequeño rugido avanzó kilómetros por el aire.

– Ese rugido no es suficiente. Tienes que gritar más alto, más fuerte y más furioso – El rey de reyes le miró y le dijo.

Entonces el pequeño cachorro vio a una familia de lémures. Y observó al más pequeño de ellos, emitiendo un diminuto sonido hacia el lémur dominante, y cómo éste, lo apoyaba con el suyo… y el cachorro supo entonces, que jamás rugiría tan bien como un lémur… y nunca más volvió a rugir.

Un buen día, el cachorro se acercó al rey, con una presa enorme entre las fauces.

– Mira padre, para que comamos todos – sonriendo  y orgulloso dijo.

– ¿No te das cuenta que lo traes lleno de arena, sucio? ¿Y que cazar es de leonas? – El rey de reyes le miró y le dijo.

Entonces el pequeño cachorro vio a una familia de coyotes. Y observó al más débil de ellos, acercando un trozo pequeñito de carroña a sus iguales, y cómo éstos, disfrutaban juntos de aquel postre… y el cachorro supo entonces, que jamás aportaría tanto como un coyote… y nunca más volvió a cazar.

Pasada la época de lluvias, el cachorro se acercó al rey lo más veloz que pudo. Avanzando a saltos que para el pequeño león eran fugaces y trepidantes vuelos.

– Mira padre, nadie podrá cogerme – moviendo el rabo dijo.

– Eso no vale para nada. Tienes que entrenar, practicar hasta que tus pezuñas quemen, mejorar tu estilo – El rey de reyes le miró y le dijo.

Entonces el pequeño cachorro vio a una familia de armadillos. Y observó al más lento de ellos, avanzando torpemente hacia su madre, y cómo ésta, cobijaba a su pequeño en su coraza… y el cachorro supo entonces, que jamás avanzaría tan perfecto como lo hace un armadillo… y nunca más volvió a correr.

Y el pequeño león creció. Sin hacer ruido. Toda la sabana le rendía pleitesía y máximo respeto, porque era un mamífero increíble, era el rey del mundo animal. Pero nuestro pequeño león nunca ejerció como tal, murió tumbado a gusto a la sombra de un ciprés caduco. Porque simple y llanamente, el cachorro dedicó su vida a hacer lo que le dijeron que sabía hacer mejor que nadie… nada…

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2 respuestas a Le miró y le dijo…

  1. Sandra dijo:

    Muy bueno. Me encanta.
    Casi tod@s hemos estado ahí. A ti no te pega mucho :) pero…¿Sabes? Estoy pensando que -en esta época de whatsups y sms desquiciados- si escribiésemos más, nos entenderíamos mejor (así en general, a lo grande).

    Me sigue fascinado el poder de las palabras para recordarnos a tod@s iguales, necesariamente aliad@s.

    Muchas gracias y feliz noche!

    • Pablo Díaz Rodríguez dijo:

      Gracias a ti :)

      El saco está roto si, a escribir, no hay quién, al menos, comparta el tipo de rotura que uno tiene…

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